A veces las mejores historias no nacen en un salón de eventos, ni durante una gran inauguración. A veces empiezan en silencio, en una calle cualquiera, en el momento exacto en que la bondad humana decide hacerse cargo de una vida que estaba a punto de apagarse. Así comenzó la historia de Sonestito, el perrito que hoy es símbolo de amor, solidaridad y orgullo para todo el equipo del Hotel Sonesta Loja.
El abandono que lo cambió todo

Sonestito apareció una mañana frente al hotel, abandonado por un carro fantasma que se alejó sin mirar atrás. Lo que dejó atrás fue un pequeño cuerpo sucio, débil, casi sin fuerzas para caminar. Sufría desnutrición, tenía pulgas, parásitos, infecciones y un pelaje tan enredado y lleno de motas que parecía una manta vieja. Era un perrito al borde de la muerte… pero también era una vida esperando una segunda oportunidad.
En ese preciso instante, el destino de Sonestito cambió para siempre gracias a la mirada atenta y el corazón inmenso de los colaboradores del hotel.
Un equipo que decidió salvarlo
El Gerente Jorge Gutiérrez, acompañado de su equipo, tomó una decisión inmediata: “Aquí nadie se queda atrás”.
Lo llevaron dentro del hotel, le dieron agua, comida, calor y, sobre todo, cariño. Fue atendido, bañado, desparasitado y revisado por veterinarios que confirmaron lo que todos temían: Sonestito estaba muy mal… pero todavía había esperanza.
Su madrina, la community manager Romina Villamarín, se convirtió en su guardiana permanente. Supervisó su evolución, organizó cuidados, coordinó tratamientos y se aseguró de que cada día diera un paso más hacia la recuperación. Gracias a ella, Sonestito no solo sanó: renació.
De callejero a embajador de marca
Hoy, Sonestito es irreconocible. Tiene la mirada brillante, el pelo suave, la energía de un cachorro feliz y una alegría contagiosa que ilumina cada rincón del hotel. Se convirtió, sin que nadie lo planeara, en el mejor embajador de marca del Sonesta Loja.
Acompaña a los colaboradores en actividades internas, en graduaciones, celebraciones, campañas y paseos corporativos. Y lo más tierno: hace “turnos” como botones, recibiendo a los huéspedes con una bienvenida cálida que conquista corazones. Sonestito es parte del equipo. Parte de la cultura. Parte del alma del hotel.

Una historia que inspira más allá del lobby
El rescate de Sonestito no fue solo un acto de compasión; fue un mensaje. Un recordatorio de que la hospitalidad verdadera va más allá de las habitaciones, los servicios y las evaluaciones. Está hecha de humanidad. De ver al otro —sea persona o animal— como alguien que merece dignidad, apoyo y amor.
Su historia nos invita a creer que los gestos simples pueden cambiar destinos. Que la cultura de un hotel se construye también con actos silenciosos de bondad. Y que un equipo unido tiene el poder de transformar vidas.
Sonestito, el perrito que llegó por azar y se quedó por amor
Lo que empezó como una tragedia terminó convirtiéndose en uno de los relatos más hermosos del Sonesta Loja. Sonestito es más que un perrito: es un símbolo de lo que somos capaces de hacer cuando elegimos la empatía sobre la indiferencia.
Hoy descansa tranquilo en su hogar, rodeado de personas que lo aman, y sigue recordándonos todos los días que la mejor hospitalidad es la que nace del corazón.

